@martinlenha escribe para nós este post sobre o poemario “Niño marica”, de Óscar Espirita, con motivo do directo en Instagram que realizarán esta tarde.

niño

“A veces no es rey

el que atesora más poderes

sino el que más fuerte brilla

en la noche oscura”

Hay libros que vienen y se quedan, quizás no para siempre, pero cabezones, con esa permanencia de ideas fijas que estimula relecturas y resiste inundaciones, préstamos ladrones y mudanzas. 

Hay otros que vienen y se van; porque según avanzabas en la lectura, en tu cabeza no paraba de aparecerse ese amigo al que sabías que el libro en cuestión atraparía. Y así, al llegar a la última página, esa en la que muchas veces aparece la dirección de la imprenta, el libro se cierra y cambia de casa.

Por último, hay otros libros que vienen, se van y luego vuelven y se quedan. Éste es el ciclo de mi relación con “Niño Marica”, de Oscar Espirita. Desde hace años (supongo que a medida que me voy haciendo mayor), echo mucho más a menudo la vista atrás hacia mi infancia como niño marica y pongo por escrito recuerdos, entrevisto a mis padres rememorando escenas olvidadas y analizo fotos buscando gestos delatores de pluma preadolescente.

Por eso me sentí tan interpelado por “Niño Marica” de Óscar Espirita (@oscarespirita). Uno de esos enamoramientos de librería que me llevó a comprarlo, regalarlo y alegrarme cuando una amiga cómplice pensó en mi y me lo regaló de vuelta.

Publicado en 2015 por Ediciones Hidroavión (@ed_hidroavion), Óscar, poetiso, abre el pecho y la memoria para dejar paso a una serie de imágenes en verso con las que, al menos yo, no me podría sentir más identificado. Así, nos lleva de la mano a recordar su (nuestra) atracción por aquello que brilla, a bailar bajo sábanas como carpas de circo, a asustarnos juntes cuando en el patio chutaban con fuerza hacia nuestra posición. 

“los niños maricas empiezan su adolescencia cuando pueden

poco importa en realidad la edad biológica” 

Y de ahí saltamos al adolescente maricón y las primeras pasiones; pero también a la pluma y la máscara, a la violencia y las duchas de vestuario. Una maravilla de viaje que, de corazón, no quieres terminar. 

Y no termina. Porque después de “Niño Marica” vinieron más poemas en “Animalitos” (Hidroavión) , cuentos como “Si el rosa es de las niñas, el azul es del mar” o textos como “El lomo de un dragón”, incluído en “Asalto a Oz. Antología de relatos de la nueva narrativa queer” (Dos Bigotes @editorialdosbigotes).

Hoy ya queda un día menos de confinamiento; también un día menos para bajar a la librería de mi barrio a seguir conociendo a Óscar por sus textos. Por suerte, a mi todo esto me pilló con “Niño Marica” en la estantería, así que vuelvo a él otra vez. Y el ciclo sigue. 

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